
La comida en la cantina termina sin novedad. Salgo un poco
hastiado del show buga, y me doy cuenta de que me queda poco más de una hora
para mi siguiente compromiso. Puede que haya sido el hastío de la conversación,
el par de tequilas de la comida o el hecho de que no he tenido un encuentro con
otro hombre en meses.Empezamos una curiosa conversación, y acabamos dando una
vuelta por la calle, llegando cerca de unos comercios, donde miramos cosas y me
hacia el interesado en cosas a las que a él parecía gustarle. La verdad que
nunca me había enamorado, pero esa vez las horas se pasaban como el agua de un
torrente cuando pasa corriendo por la montaña. No quería que esos momentos
acabasen así que quede mas veces. Dormía poco pensando en él. Aquellos
veinticinco años esbeltos en un cuerpo de hombre tranquilo y maduro me quitaban
el sueño e incluso a veces el hambre. Me gustaba hablar con él cada vez que
salíamos, me tranquilizaba sentir su mirada sobre mí. Cada día que pasaba sobre
las once, pasaba por el pan y algún pastel, que comencé a hacer el mejor y
guardárselo para él e incluso a veces se lo regalaba.